cita un ciegas 3gp

Jaime Peñafiel (1932 redactor jefe.
El instinto, no obstante, tiene su lengua propia y habla por impulsos y en contacts sexe las palmas voz baja.
No te lo puedo decir.Mirando al retrato, José Utrera Molina hace una última confidencia: Yo desde luego no soy de izquierdas, pero mucho menos aún de derechas.A menudo solos yo, con mi máquina de fotos, y Franco, con su secretario.El general y su tropa (1992 donde, asegura, lo cuenta todo.Fue él quien compró y publicó, a moro muerto, las fotos de la agonía de Franco, repulsivas incluso para quienes esperábamos entonces, y cuánto, su final.El recuerdo de la frase no es casa, que es mansión me hace sonreír.Una mañana temprano, Matos recibió la llamada de teléfono del gobernador civil Utrera Molina: Señor Matos, dentro de una hora y media pasará a recogerlo un coche oficial del parque móvil y le llevará a un lugar para que usted haga unas fotos.Se levanta Peñafiel y vuelve con su libro.En todo caso, salvadas de casualidad.Juntos en el ojeo.Doña Carmen Polo de Franco: retrato de una dama, se lee en la portada.Ya en la calle, advierte uno que Utrera y dos de sus hijos, presentes en la entrevista, discretos y respetuosos, han evitado decir una palabra de las fotos.Al final uno se decide siempre por las preguntas fáciles: Me ayudaría a identificarlos?Es lo que se conoce como corazonada.
No, la mayoría no las conocía.
Fui durante años el único periodista autorizado a asistir a ellas.
De esas fotos creo que solo quedamos vivos Carmencita Franco y yo, reconoce sin efusiones.




Es falso que los que venden en el Rastro sepan latín, pero también es falso que lo sepan quienes compran.En el laboratorio de su casa positivó el trabajo en presencia de los citados policías; de los positivos que le requisaron hizo dos copias, una para la Casa Civil de Franco y otra para él, siendo advertido que sus fotografías no podían salir del país.Peñafiel, que me ha mostrado a los otros, no me señala ninguna de ellos dos.El Mundo, si es que se la vendieron?Resultó un encuentro muy profesional, 50 minutos de reloj, en el despacho de su casa.Las circunstancias y sus protagonistas, Franco y su corte, convirtieron esta cacería en un ejercicio de villanos, con su toque megalómano y esperpéntico.Sí, las fotos, desde luego, no se publicaron, pero tanto como estar secuestradas.Durante nuestra entrevista y desde sus marquitos de plata, de caoba, de fantasía, nos miran atentamente dos o tres docenas de retratos de Peñafiel en compañía de Julio Iglesias, del sah de Persia, de Farah Diba, de Hussein de Jordania, de la reina Sofía,.En temporada de caza, Franco podía llegar a cazar 20 días al mes.Tengo mis fuentes, pero no te las voy a decir.Buscó una ciudad donde no le conociera nadie.El Mundo la gran exclusiva: una foto inédita en la que se ve a Franco orondo y rodeado de perdices y del tamaño él mismo de una perdiz.Al llegar a casa, Internet hizo su trabajo: Cacerías.Aquellos negativos fueron posteriormente recuperados por Matos en 1983, en el Ministerio del Interior, donde se conservaban.Viene con su amabilidad en la sonrisa, acaso un poco reticente.
Una de las primeras entradas llevaba a El día que Franco mató.601 perdices, un artículo que firmó Jaime Peñafiel en 2010.



Y la lista de Santa Cruz de Mudela: José Utrera Molina; Aurelio Segovia Mora-Figueroa; José Ramón Mora Figueroa; José María Sanchiz Sancho; Fernando Finat, marqués de las Almenas; Dolores Sainz Aguirre, señora de Aznar; Cristóbal Martínez Bordiú y Carmen Franco, marqueses de Villaverde; Carmen Polo;.
Los autores del libro, José González Ortiz y José López de la Franca, cuentan la historia de las cuatro fotos que reproducen en él, entre las que no están muchas de las del Rastro.
Y.601.608 perdices en un país hundido en la miseria moral y material, el de La Gota de Leche y las cartillas de racionamiento.


[L_RANDNUM-10-999]